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¿Quién no teme al doctor House?

por | Mar 31, 2008 | Learning experience | 0 Comentarios

Los espectadores le adoran, así lo indican los índices de audiencia que elevan la cuota de pantalla de la cadena que lo emite. Una media de 3.500.000 espectadores y el 18,3% de share le han convertido en una de las series de mayor éxito en España.

Los blogs que lo comentan se multiplican:

–          Los profesionales de la medicina comentan sus diagnósticos y su coincidencia con los mismos (más bien con sus guionistas) y algunos, -los menos- ponen el grito en el cielo ante tal derroche de medios y recursos a disposición de nuestro protagonista, obviando quizá el dato de que las clínicas privadas americanas, en especial aquellas pertenecientes a Centros Universitarios (esta pertenece a Princeton), son multimillonarias en recursos y medios, por lo que no resulta comparable con nuestro sistema sanitario.

–          Los espectadores le adoran: House “brutalmente honesto”, (como reza la publicidad de la cadena que lo emite) se erige como el héroe inconformista y trasgresor, el genio rebelde, maleducado y respondón que todos llevamos dentro y en el que –inconfesablemente- más de uno se desearía convertir ante sus jefes, para triunfar con la veracidad de sus argumentos. Si además se salvan vidas, el personaje resulta incontestable.

Hasta aquí resulta claro cómo se forja este –ya casi- fenómeno social que triunfa en las cadenas de los países occidentales. Incluso encaja la fantasía de tener una jefa como la Doctora Cuddy que aguante estoicamente los comentarios de un deslenguado colaborador sobre su anatomía y sus continuas bromas sexistas de dudoso gusto, que abusa de calmantes sin receta… todo sea por el bien de la ciencia.

Pero ¿qué pasa con su equipo? Durante las cuatro temporadas de la serie he asistido atónita a que ni un solo comentario en los blogs, ni un solo artículo de prensa haya hecho la más mínima referencia al llamativo “Estilo Directivo” del Doctor House.

Afortunadamente el panorama empresarial en España ha evolucionado mucho en la última década y hay una creciente sensibilización hacia el desarrollo de los profesionales: las empresas se gastan elevadas sumas en desarrollar los estilos de dirección de los mandos y de los directivos a través de programas combinados de formación y coaching, conscientes de la importancia que las maneras de dirigir tienen en la consecución de los resultados –tanto cuantitativos como cualitativos- de las empresas. El mobbing y sus efectos perversos son progresivamente tomados en consideración por las empresas que velan por su detección, y aumentan las sentencias en los Tribunales que los neutralizan; la igualdad de género es Ley desde marzo el pasado año…

… Y sin embargo seguimos asistiendo más divertidos que sorprendidos al maltrato al que somete House a sus colaboradores, profesionales de gran talento y proyección. En las tres primeras temporadas, los estereotipos no pueden ser más evidentes: minoría étnica (Dr. Foreman), mujer (Dra. Cameron) y emigrante australiano, aunque blanco y anglosajón (Dr. Chase). En la presente temporada, hemos tenido grupos de mujeres a quienes se dirigía por un mote (las gemelas, la ambiciosa), o un número (la nº 13) y grupo de hombres: el negro -que además es minoría religiosa-, el inmigrante indú, el de edad avanzada y otros a quienes mina la moral sometiéndolos a un disparatado proceso de “casting” que dista mucho de presentar criterios claros u objetivos.

Despotismo, falta de respeto, desprecio por las personas, continuas descalificaciones personales y profesionales, intromisión en la vida privada, chistes de dudoso contenido… ¿Por qué entonces nos gusta tanto?

Uno de los mayores riesgos de estas series de gran audiencia consiste en el Condicionamiento Vicario o aprendizaje por imitación de estos “nuevos héroes” televisivos. Por favor, no caigan en la tentación de tratar así a sus colaboradores: lo mejor que les puede pasar es que les despidan fulminantemente, lo peor, que no lo hagan.

Pero ¿se imaginan tener un jefe como Gregory House? Tiene un carácter irascible, aires de superioridad, y una irritante tendencia a creer que siempre tiene razón. Es misántropo, carente de escrúpulos y no presenta el menor respeto por norma o convención alguna.

Desafortunadamente, aquellos que lo tienen o lo han tenido, saben a lo que me refiero. ¿Es desarrollador de talento, como la serie propone? ¿Se aprende algo de un jefe así? Les aseguro que no. En contra de lo que vemos cada martes en la serie, el maltrato no estimula ni fomenta la creatividad. Las personas sometidas a gran presión y a alta competitividad individual se desmotivan, caen rápidamente en el síndrome de burn-out (quemado) y cometen mayor cantidad de errores.

Así pues, ¿con qué jefe trabajarían más a gusto, con Wilson o con House? ¿Lo dudan? Resulta curioso ver en la serie que ambos salvan vidas, sin embargo el mismo House está “enganchado” a series sobre médicos como el Doctor Wilson.

Les propongo un juego: la próxima vez que vean un capítulo de House, hagan el ejercicio de mirarlo con otros ojos… pónganse en el papel de sus colaboradores, a ver cómo se sienten… ¿quién no teme entonces al Doctor House?.

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