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La otra España

por | Nov 7, 2007 | Learning experience | 0 Comentarios

Hace poco me crucé con un término que desconocía: neorrural. Aparentemente las personas que hemos optado por vivir y desarrollarnos profesionalmente en un pueblo tenemos una denominación tan aparatosa. Un término, a mi gusto, demasiado snob para lo que uno se encuentra allí. La otra España: esa que se escapa a los grandes despachos y a las sesiones de coaching. Esa España que para  la mayoría es un sitio estupendo dónde pasar un fin de semana y que acoge un robusto tejido empresarial que emerge lejos de nuestra agitada vida.

En esa España se cría y crece todo lo que encontramos en nuestros mercados, en las tiendas de barrio, en las grandes superficies. Es la España del sector agroalimentario, de las áreas de producción única, de las empresas familiares. Detrás del hotelito rural al que vamos, probablemente esté la casa del dueño de una empresa rural con una facturación que nos haría caer de espaldas y que no tiene más oficina que un cuartito estrecho en la planta baja de las naves de almacenamiento. Seguro que tiene un enorme Mercedes, de esos grandes que sólo conducen los más altos directivos de las multinacionales …. y los dueños de esas empresas que fuman puros y gastan abono de temporada en Las Ventas. Socios del Madrid o del Atletic, seguro. Sus hijos estudian en las mejores universidades privadas algo que ellos no se molestan en saber. De eso se ocupan las madres que no tienen que estar al pie del “negocio”. Un “negocio” en el medio rural puede facturar sin despeinarse un par de millones de euros.

Pero pasados ya treinta o cuarenta años desde que aquel empresario de pueblo abriera su primera carnicería que creció hasta convertirse en una boyante industria cárnica, está cansado y quiere que su hijo tome las riendas. Los hijos quieren empezar a implantar nuevos sistemas de gestión, quieren aprender a ser directivos. Pero esos hijos siguen estando lejos de nuestros despachos, de nuestra ajetreada vida y de nuestro vocabulario. Estudiaron, pero volvieron a su pueblo y diez años después su día a día está lejos del coaching y las redes de expertos. Quizás deberíamos echar un vistazo a esta otra España ¿no?.

Ahora vivo en Madrid, pero cada mañana conduzco 100 kilómetros hasta ese pueblo que me ha convertido en “neorrural”. Cada mañana veo el enorme abismo y la gran necesidad que tienen esas empresas del conocimiento y la experiencia que las ayude a seguir adelante. No hablo de una, ni de dos. Como las setas que salen de golpe en otoño, la otra España ha llegado a ese momento de maduración.  Muchas empresas del medio rural están en la época del traspaso, del cambio, de la profesionalización.

Habré conseguido mi objetivo si la próxima vez que vayáis de fin de semana a un pueblecito de León y veáis un enorme Mercedes, os preguntéis si detrás de esa rústica y ostentosa apariencia no está el empresario del abono en La Ventas. Yo, mezcla imposible entre urbanita de crianza y mujer rural de adopción, tengo la suerte de vivir a caballo entre ambos bandos. Una maravillosa experiencia que me permite decirle al hijo del dueño del Mercedes que se acerque a un despacho, que seguro que alguien le aporta una solución y que me da la oportunidad de decirle a los expertos que me rodean que no se olviden de esas otras empresas, quizás no tan grandes, pero sólidas y en expansión que necesitan de mucho conocimiento, experiencia y perspectiva.

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