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La estrategia de los subrayadores de colores

por | May 5, 2010 | Area recursos humanos | 0 Comentarios

La estrategia de los subrayadores de coloresSe llama Ana. Es bajita, muy simpática y lleva incontables años con nosotros en la empresa familiar. Es la que más memoria histórica guarda y la que tiene un arma poderosa para un correcto relevo generacional: su cajón está lleno de subrayadores de colores. Es la sonrisa más amplia y amable que ven mis hijas cada vez que vienen a la oficina. Mis hijas, les recuerdo, son esas dos niñas de ocho y seis años que han tenido que montar su negociete para vender bollos y poder comprarse una Nintendo.

No cabe duda de que es imposible definir los pasos profesionales de nuestros hijos. Al final elegirán su propio camino, pero lo que sí es cierto es que las familias empresarias tenemos la obligación de sembrar la “responsabilidad empresarial”. Y con este término quiero decir que debemos hacerles entender que trabajen o no en la empresa, tienen una responsabilidad de continuidad sobre la misma, porque de ella depende mucha productividad, muchos sueldos. Pueden profesionalizarla y dejar la gestión en manos de otras personas pero siempre será de una manera u otra su responsabilidad. Salvo, evidentemente que decidan venderla. Pero esa es otra batalla.

Nosotros pongámonos en el caso de que eso no es susceptible de suceder y Ana sonríe ampliamente cuando entran mis hijas. Empieza el ritual. Ellas se acercan y ella cariñosa abre su cajón y pone en sus manos  los subrayadores de colores. Hasta aquí todo controlado. Pero ¡cuidado! Puede que nuestros hijos desarrollen  el síndrome del hijo del dueño: el niño jamás devuelve el subrayador y se cree con todo el derecho a llevárselo sin pedir permiso. Este niño está seguro de que cuando vuelva la próxima vez alguien se habrá ocupado de que haya otro. Para eso uno es “el hijo del dueño”, no?

Pues no. Un no tajante. Este es el principio básico de la estrategia de los subrayadores de colores. Que el niño los devuelva es la primera señal de que como empresarios entendemos la importancia de ir sembrando principios. Lo segundo es hacerles entender que esos subrayadores no están ahí por generación espontánea. Están porque Ana se encarga de pedirlos y para que eso suceda mamá y/o papá se encargan de que la empresa funcione y de que Ana tenga un trabajo. Un buen día cuando mamá y papá sean viejecitos , querida niña, te tocará a ti asumir esta responsabilidad, directa o indirectamente.

Y así cada viernes el ritual se repite. Ellas devuelven contentas los subrayadores  y hablamos de dónde se sentará cada una cuando sean mayores. Luego en casa la mayor afirma querer ser peluquera y la pequeña cantante. Pero cada vez que necesitan un subrayador siempre les digo que se lo van a tener que pedir a Anita y que para que eso ocurra, antes de salir al escenario van a tener que asistir a una reunión del Consejo de Administración.

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