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Homenaje a Japón (Primera parte)

por | May 31, 2011 | Area recursos humanos | 0 Comentarios

Homenaje a Japón (Primera parte)Han pasado ya un par de meses y medio desde el terremoto Tohoku y el tsunami de aquel fatídico 11 de Marzo. Hay fechas señaladas por el terror y las desgracias, y este aciago día ya lleva muchas víctimas en su recuerdo.

Eran aproximadamente las 14h de Japón cuando un terremoto de 8,9 en la escala de Richter hacía saltar el noreste del país. Una escasa media hora después, un tsunami con olas de 38,9 metros barría hasta 10 kilómetros costa adentro. Las últimas cifras oficiales hablan de 15.234 muertos, 5.339 heridos y 8.616 desaparecidos en 18 prefecturas o provincias; de 125.000 edificios arrasados o seriamente dañados y de una central nuclear, la de Fukushima, que ha tenido en vilo al mundo entero por un riesgo nuclear máximo -el mayor en la historia después de Chernóbil-, de fusión del núcleo en dos reactores.

“En los últimos 65 años, desde el final de la Segunda Guerra Mundial este es la crisis más dura y difícil a la que se enfrenta Japón”, ha dicho el Primer Ministro Japonés Naoto Kan en la primera comparecencia pública al día siguiente del desastre. Los días y semanas siguientes a la desgracia nos llegaban terribles imágenes de los supervivientes rebuscando a sus familiares bajo los escombros a temperaturas bajo cero. Abundaba un montón de información confusa y contradictoria de países occidentales vertiendo críticas en las que cuestionaban la bondad de la energía nuclear y la seguridad de las nucleares, mientras que las autoridades japonesas intentaban transmitir calma e informar con rigor, claridad y transparencia de la marcha de los trabajos de rescate de las víctimas y de la extinción de los incendios en la central nuclear al tiempo que administraban yodo a la población en riesgo como paliativo.

No es mi intención pues hacer un homenaje a la desgracia, sino a la actitud de los supervivientes y al ejemplo de un país y de una sociedad que admiro profundamente. La primera vez que visité Japón fue en unas vacaciones el verano de 1998. Si yo ya admiraba ese país sin haber estado nunca, conocerlo aumentó mi fascinación por la vanguardia de su desarrollo tecnológico, mi respeto por una sociedad en la que la educación es una forma de religión, pero mi sorpresa por un ambiente un tanto deshumanizado, sin alma. Volví a Tokio en las Navidades del 2010 y mi admiración continua en aumento. Hace 13 años pensé que no era mejorable, pero descubrí que sí podía ser, pues Japón ha evolucionado a través de una apertura muy selectiva a lo mejor de otras sociedades, manteniendo toda su esencia y ganando en equilibrio, refinamiento y calidad de vida, ¡con alma!… Sin embargo esta desgracia ha supuesto de seguro un durísimo golpe no sólo para la tercera economía mundial sino especialmente para la moral de una población con principios forjados en la solidaridad social.

Ryu Murakami, escritor y director de cine Japonés publicó a los pocos días del desastre un maravilloso artículo en el New York Times. En un extracto del mismo, dice: “Hace 10 años escribí una novela en la que un estudiante de Secundaria pronunciaba un discurso ante el Parlamento y decía: ‘Este país lo tiene todo. Aquí se puede encontrar todo lo que uno quiera. Lo único que no se puede encontrar es esperanza…’. El gran terremoto y el tsunami nos han robado muchas vidas y recursos. Pero frente a todo lo que hemos perdido, la esperanza es realmente lo que los japoneses hemos recuperado. Nosotros, que estábamos tan intoxicados con nuestra propia prosperidad, hemos vuelto a plantar la semilla de la esperanza. Así prefiero creerlo”.

Y yo confío en que así sea.

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