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El síndrome del Coronel Tapioca

por | Sep 20, 2010 | Para profesionales | 0 Comentarios

El síndrome del coronel TapiocaDentro de la serie sobre los síndromes profesionales, permítanme que me tome la licencia de presentarles uno de mis favoritos, que suele presentarse especialmente en temporada de verano y  no precisamente en entornos empresariales.

El llamado “Síndrome del Coronel Tapioca” se basa en la peligrosa creencia que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo. El problema surge cuando esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos grotescos y altamente comprometidos.

Les pongo un ejemplo que apareció en prensa: a principios de Agosto, después de que habían muerto sepultadas por una avalancha de lodo 183 personas en la región de la Cachemira y tras la desaparición de 11 excursionistas españoles que habían acudido para hacer trekking, Ion de la Riva, Embajador de España en India, hacía un desesperado llamamiento. Manifestó su «disgusto y enfado» por la situación, denunciando que no solo había varios turistas que se negaban a ser evacuados, sino que estaban llegando todavía más españoles a la zona. «Me parece realmente alarmante que personas que hayan vivido esta catástrofe estén emprendiendo de nuevo el camino de la montaña«, alegaba el diplomático, «pero aún más escandaloso es que estén llegando más turistas españoles a la ciudad de Leh para hacer montañismo«. De la Riva denunciaba así el que la embajada tenga que «hacerse cargo» de españoles que «hoy se dedican a subir montañas porque no llueve y dentro de una semana a lo mejor están saliendo de allí en ataúdes«, puesto que estaban en pleno monzón, que como ustedes saben este año ha azotado India y Pakistán con especial crudeza. El embajador expresó su temor a que la llegada de nuevos turistas a la zona pudiera además obstaculizar con su presencia las labores de rescate. Para colmo, y como suele ser habitual en estos casos, las autoridades locales prevenían de  posibles epidemias de tifus y cólera. El diplomático instó a abandonar la zona a una treintena españoles que aun así decidieron quedarse «Tienen que tener un mínimo de sentido común» dijo.

Pero este no es un caso aislado: desafortunadamente, todos los veranos podemos encontrar en las páginas de la prensa nacional o en los noticieros de la cadenas televisivas casos de turistas perdidos, cooperantes secuestrados o viajeros asesinados en países que figuran en la lista negra del Ministerio de Asuntos Exteriores y que se encuentran bajo el epígrafe “se recomienda no viajar” (por cierto, con letra de gran tamaño y en negrita). Aún así, nuestros compatriotas transitan por esos países o territorios con la misma tranquilidad que si estuvieran haciendo el Camino de Santiago, y luego pasa lo que pasa: o son secuestrados por una milicia que pide rescate al gobierno español o que los canjee por algún terrorista internacional, o se dedican a hacer rafting en violentos ríos desbordados tras las lluvias, -como el terrible caso de tres cooperantes ahogados en México este verano-, o son apaleados, robados y asesinados, como el tristísimo caso de una madre y su hijo adolescente que fueron a hacer alpinismo en tienda de campaña a Pakistán hace un par de años.

¿Qué provoca estos comportamientos en las personas? ¿Qué hace perder el “sentido común” y poner en riesgo la propia vida y la de otros por llegar al límite de la aventura? ¿Qué mecanismo interior provoca que las personas necesiten experimentar deportes de riesgo en entornos altamente peligrosos y tener que llegar a situaciones límite? En este mundo hay más países donde la vida no tiene ningún valor que países donde podemos reclamar nuestros derechos y esperar que nos salven “porque estamos en nuestro derecho”. ¿Tanto nos aburre esta “sociedad del bienestar” que necesitamos un chute de adrenalina e ir “donde está la acción”? ¿Qué necesitamos buscar fuera que no encontramos dentro? ¿O es como la famosa anécdota que cuentan de Luis Miguel Dominguín, que tras pasar una noche de amor con Ava Gardner salió corriendo… para contarlo? El caso es que algunos ya no podrán hacerlo, o preferirían no tener que contar lo que les pasó.

Postdata 1:

El responsable de acuñar este síndrome es mi admirado Arturo Pérez-Reverte, que con su siempre afilado verbo y ácida retranca hace una brillantísima exposición como profesional con oficio y corresponsal de guerra que fue. Les recomiendo que no se lo pierdan su lectura:

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/440/el-sindrome-del-coronel-tapioca/

Postdata 2:

Los tintinófilos eruditos recordarán que una conocida marca comercial de ropa de aventura se inspira en el General Tapioca, personaje que aparece en Tintin y los picaros sobre el dictador de la República de San Teodoros (cuya capital es Tapiocápolis), en la Sudamérica de principios de los 70. Siempre resulta refrescante volver a leérselo…

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