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El vértigo del cambio

por | Sep 11, 2008 | Coaching | 0 Comentarios

El otro día mientras desyunaba he oido una crónica deportiva en la que hablaban del “vértigo del cambio” a propósito de la negativa del jugador del Valencia, David Villa, al fichaje por el Real Madrid.

Qué tres palabras que forman una bonita y expresiva frase: vértigo del cambio.

¿Nos produce vértigo el cambio? Creo sinceramente que  sí. Todo cambio a mí entender implica dos cosas en sí mismas contradictorias. Ya sea un cambio personal, de trabajo, de forma de vida o empresarial, de estrategia de orientación del negocio, de modelo de negocio:

1. Esperanzas nuevas. Nuevas expectativas y oportunidades. Algo nuevo se va a abrir ante nosotros. Algo posiblemente desconocido y retador. Lo nuevo es lo verdaderamente atrayente del cambio. Es en ocasiones el salto en el vacio lo que tiene de enganche en el cambio. La ruptura con lo anterior. Aquí se abren expectativas alentadoras e ilusionantes. Aparecen “sueños” de logro y de éxito. Con afirmaciones tales como: es un salto positivo, aprenderé mucho, el salario merece la pena, podré comprar el coche que deseo, podré aplicar mejor mis conocimientos, podré hacer una carrera profesional más rápida.

2. Riesgos y temores. Aquí aparece la parte negativa. El abandono de la zona confortable. Vamos a dejar a  atrás lo que conocemos, lo que dominamos, lo que posiblemente hacemos todos los días. Esta rutina que en ocasiones es odiosa, -ya conocemos lo que hacemos, ya conocemos a aquellos que están con nosotros-, pero que nos da seguridad,  para entrar en otra zona, en otro espacio, en principio menos confortable y por tanto más inseguro. Aquí se abren temores y miedos, aparecen “preguntas”, tales como: seré capaz de adaptarme a la nueva situación, entenderé mi trabajo, me sentiré a gusto con mis compañeros, congeniaremos el jefe y yo, valdrá la pena el esfuerzo.

Las esperanzas nuevas que se abren ante el cambio “nos invitan a soñar” a ser positivos y nos predisponen para lo que vendrá. Nos dan fuerza para movernos de la zona confortable. Por eso es bueno soñar el cambio. Imaginar que es lo que vamos a lograr con él, en los diferentes planos, profesional, personal, económico y de relaciones.

Los riesgos y temores, las preguntas o dudas que surgen, presentan ataduras para no movernos de la zona confortable y por lo tanto no realizar el cambio. Son dudas que nos asaltan cuando nos disponemos a dar el “salto en el vacio” abandonando la zona confortable y conocida.

Cuando ante la expectativa de cambio ocurre que

• Las nuevas expectativas, lo soñado es débil, tiene poca fuerza, poco enganche, no nos es sugerente y sugestivo,
• Y, las dudas son elevadas, las ataduras se presentan fuertes, la intranquilidad y el temor al riesgo crece.

Entonces el cambio nos da mucho vértigo y lo normal lo habitual es que no acometamos el cambio, o si lo acometemos, lo hagamos con tantas dudas y temores que nos asfixie en nuestro nuevo cometido.

El cambio para no dar vértigo o que esta sea mínimo y en consecuencia hacerlo con seguridad tiene que ser querido, deseado, apetecido. Lo soñado tiene que ser muy superior al posible a las dudas que no produce. Solo de esta mañera afrontaremos un cambio con ciertas garantías y pondremos nuestros cinco sentidos en hacerlo bien.

Qué aún así puede salir mal. Pues a intentarlo de nuevo, pero siempre desde el convencimiento interior de que hacemos lo correcto, las dudas se tienen que quedar en la puerta ¿no os parece?

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