Me decía un directivo que había vivido gran parte de su vida profesional en diferentes países y con el que tuve la oportunidad de trabajar, que era curioso ver cómo según la historia y cultura de los sitios donde vivió y trabajó, se castigaban más los pecados acción que los de omisión.
Me contaba como en las culturas más anglosajonas había observado que se consideraban mucho peor aquellas faltas relacionadas con lo que se debería haber hecho y por omisión no se había realizado por diferentes motivos como la comodidad, apatía, desinterés, falta de implicación o coraje. En definitiva lo peor visto eran aquellas cosas relacionadas con los pecados de omisión.
Parece ser una nueva moda, de repente todas las empresas quieren demostrar lo responsables son.
En los últimos dos o tres años ha aflorado como las setas un nuevo fenómeno: las llamadas memorias de Responsabilidad Social Corporativa, o Responsabilidad Social Empresarial, o Responsabilidad Corporativa, o de Sostenibilidad o cómo se las quiera llamar.
Al hospital que tú quieras. Entra y haz la prueba, busca llegar a traumatología o neonatología o rayos, da igual. A la entrada verás un directorio, encuentras tu destino y una flechita que indica “tu pasillo” por donde llegarás. Sigues y cruzarás otros pasillos y bifurcaciones. Tu ansiedad aumentará a medida que avances (imagina estar enferm@). Por fin te encontrarás perdid@ y ya no sabrás si estás en un hospital o en el zoco de Marrakech. Buscarás una bata blanca como tabla de salvación para que te indique tu ruta. Puede ser que tengas que repetir esta operación una o dos veces más.
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