Soy empresaria industrial. Un buen puñado de empleados dependen de mi capacidad. Pesa, de veras. Vivo con la responsabilidad, las preocupaciones, sacar las cosas adelante … ese aterrador zumbido constante de pensamientos que nos rondan la cabeza una y otra vez, que nos obligan a buscar constantemente soluciones y nos quitan el sueño a muchos. Esa inquietud que hace que el problema vaya creciendo y cuánto más te preocupas, más tensión, a mayor tensión más difícil es conciliar el sueño, a menos sueño, más cansancio, a más cansancio, menor rendimiento y así de mal en peor.
Bueno, pues la gran noticia de este post es que un día aprendí a dormir. Es algo que se aprende de la misma manera que se aprende liderazgo, a hacer reuniones eficaces, a gestionar equipos. Sólo que la calidad y cantidad del sueño no la elevamos a la categoría de aprendizaje y sin embargo es el motor más importante de nuestra actividad diaria. He reflexionado mucho sobre si el sueño debería formar parte de este blog. Y según avanzaba en mis reflexiones me hacía fuerte en la seguridad de la importancia del tema. ¡Si es lo más básico que deberíamos aprender todos en nuestro caminar profesional! Lo dice una insomne con título universitario en noches en vela.
Hace poco, un directivo me decía que estaba desmotivado. Y que esto le impedía actuar para acercarse a sus metas profesionales. Y recordé una vieja historia zen en la cual un discípulo le pregunta a su maestro:
- Maestro, estoy desanimado ¿Qué puedo hacer?
- ¡Anima a otros! -. Le contestó el maestro sin titubear.
Manual básico para familias empresarias PARTE I
Al igual que todos los niños, mis hijas quieren una Nintendo. Son dos niñas las mismas ganas de jugar que todos los niños. Sólo hay un pequeño matiz. Heredarán un grupo empresarial, ejerzan o no. Son muchos los empresarios desolados por la falta de implicación de sus hijos en lo que ha sido el proyecto empresarial de una vida entera. Creían que con pagar los mejores colegios y las universidades más caras era suficiente para formar grandes profesionales. Pero no. Así que como madre, como empresaria, me he puesto el gorro de “hagamos que suceda” y he diseñado La estrategia del Bollo y la Nintendo.
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